lunes 8 de junio de 2009

Poemas de La resurrección de los frutos...


Amor mío es el manzano quién agita sus ramas
Esparciendo el polvo de vínculos recién brotados
A la hora en que el mar es una mujer
Abrazo un recuerdo de brisa que me inclina al sur
Nadadora de almas
Hoy se encontró con mi sueño



Cortando el horizonte
Aquella flor inclinada me grita
Con el sonido de los sueños
Y este cuerpo donde el deseo
Se ha convertido en hojas




Sus manos apaciguando la tempestad...
Una mujer poseída por el amor

- No será con brillo ni con ruido
Ocurra lo que ocurra día y noche
Tal es tu exigencia
Esta súplica infinita




Soñé con la belleza
Una puerta se abría y yo cerraba los ojos
Entonces vi la melodía de las lluvias
Y tus manos me daban el alimento de la vida




Una flor luminosa
Se abre en el abismo del tiempo
Intuyo tu rostro en el perfume de su sangre
Esa ilusión que brilla siempre
Como el hambre que despierta tu perla desnuda




Ebrio de soledad
Me agarro de una estrella para no caer
Estiro los brazos hacia el sueño
Donde el amor me mira con las alas entre abiertas


Engastada en la noche una flor blanca
Abre su perfume
Y este filo ebrio que acosa y que delira




Sobre un risco oscuro
En su propio jugo se ha cocido
Un estremecimiento en el umbral del encuentro
Y la mujer que lloverá sobre mi pecho




Viajará sobre un mar nocturno
Amante del color de la locura
Desde esa altura apacentará las lágrimas
De una mujer que se marchita
En la encrucijada de los vínculos
Como el amor como la sangre
Nimbaba de luz sobre los hombros
Sostienes en la mano una copa llena de valentía
Esperando sentir sobre los ojos
Un soplo de sol



Dormiré en el lago origen de todos los cantos
Amada sombra de los sueños
Donde no llegan las voces del mar
Ungida por un soplo de soledad
Te entregaste desnuda al clamor de las hojas
Oh amiga del polen de mi rosa
Se debe soportar la belleza
Con una pasión inmaculada
Como los iniciados del paraíso

sábado 6 de junio de 2009

Poemas de El lamento de Ariadna

I

Todo lo que para ti es cielo y viento
Se hace piedra aquí adentro

Una gran sombra
Salvo ese último rincón
Donde están mis manos
Y mi corazón

Una inclinación
Una puerta cerrada
Una inquietud por escuchar
Aquella rama en el viento que quiere florecer

Florecer es entregarse a la luz
“Mas yo debo madurar
Y eso es sufrir y ser oscura”



II

Apartada
Separada de la luz

Aquí todo es amplitud
Y el rostro del deseo
Como una imagen de piedra sobre el vacío

Camino a tientas tocando este lado del muro
El ojo de la cerradura
Lo oscuro de esta puerta
Y el eterno corazón de su hondura

Nadie se atrevería a forzarla
Nadie de adentro
Nadie de afuera

En mi sueño él
Tan ilimitado
Transformándose
Como un árbol en la noche



III

Me asomo a la ventana
Envuelta por el viento
Apenas los ojos en el borde
“Y un poco más de mi misma
Incluso mis manos leves”
Sobre esta casa de agua
En esta estancia de la que soy la dueña

Una ofrenda tierna y abierta
Como el interior de una fruta



IV

Tú jamás lograrás verme
Porque no te has visto

En esta estancia donde estoy oculta

No te tocaré
Sólo te iluminaré

Amarte con los ojos
Creer que va a ser mía
Toda la seducción de tu boca
Aún no sonreída

Y entregarme a todo esto
A todas estas cosas



V

Dame de beber…

Entonces yo estiraba mis dedos húmedos
Hacia tu boca

Tú apartas los ojos
Y miras hacia el muro
Con una de tus manos
Agarrando fuertemente la mía

Un rostro hendido contra el fuego
Para purificar la mirada
Para abrir esta puerta abandonada

¿Quién se atreverá a atravesar la noche?
Tú…tú te atreverías

lunes 30 de marzo de 2009

El Adagio Cantabile de Beethoven...


Esta nota se encuentra escrita al margen de uno de los borradores del Adagio Cantabile de la sonata No 8 Op. 13 Patética de Beethoven...

He cruzado las tormentas para llegar hasta aquí…ese es el precio. En este espacio lleno de unción me encuentro conteniendo a mi propio corazón, pues en ese oponerse, en esa lucha por lo que agobia a través del desamparo, hemos llegado indemnes. No nos hemos consumido. Pero es aquí sin embargo en esta llama suave y tenue donde hemos de consumirnos a voluntad…con una voluntad con solo puede mover el amor y mientras nos consumimos hemos de cantar…de orar. La música, sólo la música y me fe obstinada. Eso es lo que tengo. Te ofrezco pues esa fe ahora mansificada en este canto, lejos de la razón, pues lo propio de ella es comenzar donde la razón termina. He aquí pues mi corazón…un secreto pero intenso movimiento se hace sentir para después difuminarse sin traicionar su origen.

Despedida de Tagore...


Despedida que el poeta Rabindranath Tagore leyó a los niños de la escuela de Santiniketan de la India pocos días antes de su muerte el 5 de agosto de 1941.

En la creación de Dios, nada tiene fin. Todo lo que es verdadero, permanece. En el jardín de Dios, la flor abre y se mustia, pero cuando se mustia no es que se acaba; florece otra y otra vez. Las estaciones vienen, se van y vuelven, y en su sucesión está la verdad. Así todas las relaciones reales, las felicidades ciertas, son continuas, no pasajeras. En su sucesión no cesan verdaderamente.

Las obras del hombre tienen el estigma de la muerte que tienen porque la mayor parte de nuestras actividades carecen de sentido y porque nuestras energías las empleamos en abastecernos de cosas y placeres sin eternidad en el fondo. Por eso intentamos dar a todo, a fuerza de añadiduras, un aspecto de permanencia. El hombre ansioso de prolongar el placer, intenta sólo sumar, y tememos detenernos por miedo de que algún día todo termine.A la verdad es a la que no le importa ser pequeña ni llegar a un fin, como un poema, que no por terminado está muerto, y no porque ese poema esté compuesto de versos infinitos, pues si eso fuera así, sabríamos que el poema no era verdad. El verdadero poema sabe cuando concluir; se ha cogido a algún ideal permanente del hombre, que es de todos los hombre y el principio interior de toda la creación. Si un poeta ha alcanzado ese ideal de perfección, sabe que, deteniéndose, no muere, sino vive.

Así, al encontrarse verdadero puede permitirse finalizar, porque nunca llega a un término, sino que tiene su continuidad en la verdad. En lo que somos verdad, somos inmortales; y cuando estamos de parte de la verdad, estamos de parte de la inmortalidad. Pero el hombre, al dar su vida a cambio de objetos sin sentido, la derrocha; y si hacemos de esas cosas nuestra meta, entonces la vida será una vida de muerte.

En nuestro vivir diario nos encontramos con muchos hombres que pasan como sombras sobre nuestra vida; pero cuando nos encontramos en la verdad, todo es diferente. Nosotros nos hemos reunidos en el rincón de este pequeño jardín. Como yo, ansiáis la verdad. Todos somos niños que lloramos a oscuras por nuestra Madre Eterna, sin saber que ella está, mientras tanto, en la cama con nosotros. Ignorantes creemos que estamos separados; pero cuando la lámpara se enciende, vemos que nuestra Madre no se ha movido de allí. Entonces sabemos que somos hijos de la misma Madre y el grito: “!llévanos de lo irreal a lo real, de la oscuridad a la luz, de la muerte a lo permanente!”, sale de nuestras bocas. Oyendo entonces esta oración, sabemos que las diferencias son lo irreal, y que lo real es que somos uno. Bajo estos árboles lo hemos llamado a Él con voces unidas, Padre, y hemos sabido que este es nuestro verdadero parentesco, el cual nunca podrá perderse, sino seguirá hondo, en nuestras almas.

Nuestro parentesco personal con este mundo comenzó en el amor. El amor de La Madre y El Padre nos trajo, nos envolvió y nos nutrió. Poco a poco, con la clave de ese amor, llegamos a ver que solo ese parentesco era el definitivo. Los objetos de nuestras pasiones eran cosas destructivas, o sombras que hacen irreal la vida que se llena de ellas.Cuando nos encontramos a Dios, nuestra vida se perpetúa en la verdad. No tendrá en ella ese elemento de falsedad. Y es lo que hemos de recordar, y en ello tenemos el sentido de las palabras “!llévanos de lo irreal a lo real!”.

Al alimentarnos, nuestro cuerpo asimila el alimento y sigue adelante con su obra de creación. Si comemos polvo o cascajo, no nos creamos permanentemente, sino que nos destruimos permanentemente. La verdadera relación del hombre con el hombre es también creativa. Esta reunión nuestra, bajo estos árboles, será también creadora en nuestras vidas, y se hará cada vez más verdadera cada día. Es cierto que, como la luz del día de Dios, todas nuestras energías pueden estar ocultas bajo el sudario de la oscuridad de la noche, por algún tiempo; pero la luz vuelve a vivir de nuevo. Así son las relaciones verdaderas y así permanecerán hasta el fin de nuestras vidas, sin perderse jamás. Irán creciendo y entrarán entonces en un proceso de creación y en la realización permanente en lo que ha de venir y está siempre viniendo. Y yo le ofrezco a dios mi oración para que Él nos lleve de lo vano a la verdad del amor: “!llévanos de lo irreal a lo real, de la oscuridad a la luz, de la muerte a lo permanente!”

martes 17 de marzo de 2009

El mes de marzo...

El mes de marzo… del latín "martius", relativa al dios Marte. Aunque Marte era el dios de la guerra era también venerado como una divinidad de la vegetación. Por este motivo, como en occidente empieza la primavera hacia finales de marzo, le fue dedicado este mes. Marzo era el primer mes del ciclo en el calendario romano y son famosos los augurios o los Idus de marzo que profetizaran la muerte de Cayo Julio Cesar. En este mes comienza pues la vida nuevamente con su carga guerrera purificada, las gruyas emigran y surge el verde y la vegetación previa a la floración con toda su intensidad. Los orientales hablan de las Aguas de Marzo, como origen aún imperceptible de la aparición de la vegetación… también en consecuencia tiene una fuerte relación con la conformación y la evidencia de los ciclos de resurrección.

sábado 28 de febrero de 2009

Viajes en la noche...de Aladar Temeshy


Jung nos decía que desde el punto de vista anímico y espiritual, “El Viaje” no es la simple traslación física en la dimensión espacial, sino la suma de tensiones que genera la búsqueda y la experiencia que surge de esas tensiones. Vivir pues intensamente y desplazarnos anímicamente hacia lo desconocido (pero intuido y vislumbrado) es un equivalente espiritual y simbólico del viaje. Es ese anhelo que nunca encuentra el objeto anhelado pues según Jung, ese objeto no es otra cosa que el hallazgo de la madre perdida. En este caso, la madre simboliza tanto la vida como la muerte… lo materno-contenedor nos lleva a la luz e iniciamos el viaje como un evento de desprendimiento, para luego iniciar el retorno al origen, por lo que el viaje esencial en todo caso, no es nunca una huida, si no una evolución cuyo destino es reconocer finalmente el sentido del ciclo vida-muerte. Así lo entienden los chamanes e iniciados cuando en sus ritos de iniciación toman siempre el viaje como símbolo de la travesía continua del ánima desde el inconsciente hasta luz y su retorno nuevamente a ese inconsciente o madre, a través de dolor, el sueño y el éxtasis. En todo caso la vida es ese viaje cuando efectivamente hemos vivido… viaje que nos llevará más allá de nuestra propia vida hacia otras clases de entendimiento que sólo empezamos a atravesar literalmente cuando atravesamos la muerte.

Cuando la simbología del viaje se une a la de la noche, vale decir “EL viaje Nocturno”, queda aún más patente el significado de esa travesía o búsqueda del origen… de la madre perdida, siendo que esta unión de la oscuridad con las aguas insondables, nos simbolizan (además de la mater genaratrix), al incosciente y a la muerte. No como la nulidad total o la nada, sino como el reverso de la vida, en donde están los miedos latentes, los demonios dormidos, nuestra propia oscuridad cerrada. Según el Maestro Cirlot, el Viaje Nocturno tiene exactamente ese significado: el viaje en sentido inverso, el momento en que el sol durante la noche atraviesa los abismos inferiores en una especie de muerte y su posterior resurrección. En el caso del viaje del héroe además, este lo hacia en una barca cerrada o en un arca que simbolizaba a su vez el vientre materno. Agregaba Cirlot que la salida del viaje expresa el momento de la resurrección y la superación de la muerte (también la salida del sueño, la salida del dolor y de la enfermedad).

En el caso de este libro-viaje, (además del proceso estético-literario que se constituye), es este sentir, esta búsqueda (y el encuentro), lo que nos conmueve profundamente. Ya desde el epígrafe de Cormac McCarthy: Voy a morir…dime tú como debo hacerlo, y a través de las doce estaciones de tránsito unidas a la referencia de las estaciones de la luz, nos encontramos de manera rigurosa con el ritual que se deriva de este reconocimiento, de esta verdad que se manifiesta con la cercanía de la muerte y todo lo que ella implica si ese encuentro nos lleva a entender el ciclo total vida-muerte-resurrección. La enfermedad, el dolor, la morfina, la fiebre, el miedo, el sueño, la madrugada, la nada, el anhelo del retorno a la casa, la estación final, el invierno, el otoño, la última dignidad, la caída de las hojas, el encuentro, el último baile, el después y finalmente la salida, nos establecen con una secuencia pasmosa y plena de esa otra lucidez del inconsciente –además de una profunda valentía-, la crónica espiritual de ese viaje único, irrepetible e ineludible.

De manera asombrosa evocamos el mito maori del héroe que como estrategia para vencer a la “Madre de la Noche” utiliza la simbología del regreso a la matriz, pues este se introduce en el cuerpo de la noche por el mismo pasadizo por el que dejó el cuerpo de la madre cuando nació. Este misterio, este anhelo solo se explica a través de la sensación que nos sobrecoge al identificar a ese primer lugar intemporal del que emergemos al nacer, con la inmortalidad que anhelamos tras la muerte. En el caso del héroe del mito, el anhelo de inmortalidad es también el anhelo de regresar a la matriz, pues aunque en principio lo que busque a través de esa travesía o viaje es esa inmortalidad, lo que verdaderamente desea es la muerte, para revivir estáticamente, en la calma y la placidez que produce el estar en las aguas de la matriz.

Si leemos con el alma la secuencia de este libro-viaje encontraremos como dije, el ritual completo y riguroso de este proceso de comprensión total…en donde el poeta “parte de noche” en ese tren cuya estación inicial es la manifestación final de la vida a través de la muerte. Viaje que se produce desde la simbología de la vida universal que se impone con todo su poder implacable y su principio cósmico impersonal, ese destino que se parece tanto a ese tren que nos lleva entre ruedas y rieles infinitos por una dirección que nos trasciende y nos rebasa todos los anhelos… viaje que nos lleva por los túneles de la soledad empujados por la enfermedad, la fiebre, el dolor (y según la propia confesión del poeta inducido por la morfina) hacia la profundidad de ese inconsciente donde aún están los miedos, el sueño, la nada.

…alguien habla en el silencio desconocido,
en las bóvedas de la matriz, en la noche
cómodo, caliente cubierto todo con una nube
cuadrada, incomprensible, demente
que no la veo, ya no hay nada que ver
la nube morada va a desaparecer
¿quién habla? La noche susurra la palabra
y el cuarto de luna me lleva por el lago
nos hundimos lento, dentro en el barro
milagro, canto, cuento, abracadabra.

Nos dice el pasajero-poeta en la estación de la fiebre que lo llevará de manera inexorable al encuentro de ese niño agazapado en la oscura soledad y exclamar: tengo seis años y conozco las mayúsculas…ángel de la guarda, ayúdame por favor!

Pero sin lugar a dudas será en la décima estación (siempre es la décima estación) la del retorno a la casa-madre en donde se reafirma el sentido del viaje:

Quiero irme a mi casa
al anaquel de los jabones
tocar las teclas del piano
sentarme en la silla roja
y quedarme con el libro
el buen Testamento
del maestro Villón

quiero irme a mi casa
para hablar con la perra
y esperar que la trepadora
teja su verde muerte
sobre las paredes
de mi casa de siempre
a dónde quiero ir contigo
para terminar el tiempo
viendo las grises lluvias
y escuchar el viento
ver en la ventana de la sala
como la trinitaria abraza
la reja con su carmesí
quiero irme a mi casa
donde en cada rincón
se mueven los recuerdos
olvidadas penas
y fiestas navideñas
quiero irme a esta casa
donde tocabas el piano
donde las paredes blancas
cerraban nuestro mundo
de largas noches cantadas
y largos mullidos silencio

Quiero irme a mi casa
!

Todo el poemario está lleno de las reafirmaciones de ese anhelo, especialmente y de manera conmovedora la referencia directa del pequeño pasajero encarnado en este caso por el Rey Wenzeslav que se lamenta nostálgicamente de no habitar más su palacio transparente, de las puertas abiertas de su pecera, del torrente de aguas derramadas y de sus vidrios rotos, como ese niño que nace a la vida desprendido de las aguas matricias y tranquilas… Wencezlav mi rey inventado, la pecera no tiene puerta por donde salir y no importa, fue otra promesa rota, ahora no tienes palacio redondo, ni corona ni manto flavo…Wencezlav mi pez dorado.

El cuervo igualmente como símbolo asociado a las ideas de principio, al nigredo o estado primordial (noche materna, tinieblas primigenias, tierra fecundante) de gran poder cósmico que vincula al cielo y a la tierra y el tránsito entre los mundos, de videncia o poder contemplador de verdades que sólo se manifiestan a nuestros estados especiales de conciencia. Pero el hito de este drama, de este viaje está en la estación final: Vengo a tu noche, por la orilla de los años, por el ocre otoño, con el viento llorando…vengo a tu noche, para guindar una estrella, en el patio de tu querer, para sanar las heridas…vengo a tu noche, para quedarme en ti, viajero cansado, de la vía láctea.

Como hemos dicho, este pasajero-poeta cumple con rigurosidad el ritual eterno y cíclico del viaje, recubierto y revestido con el color que le otorga la última dignidad, meciéndose con el cosmos al compás de la última gavota, para entender El Después, la Resurrección y La Salida donde todo comienza y todo termina: el otoño, la noche, los largos caminos, lo lejos de otros lagos, la sombra de los siglos de muchos caminos, los ojos de Caín en su quimera por la muerte de la cabra, el secreto de la rendición del amargo vino, las promesas perdidas de los justos cantores y sabios doctores, dejando la noche y el otoño como una mancha de nieve sobre la mesa de la tierra eterna, para cerrar los ojos y entender y repetir con valentía junto a él: Ave Cesar los que vamos a morir te saludamos!…

Edgar Vidaurre

lunes 2 de febrero de 2009

El mes de febrero...



Februarius “mes de la purificación”, Februum en plural. Februa significa purificación así como los sacrificios expiatorios. En su declinación, el verbo februare significaba purificar o celebrar los ritos de expiación.
Februa (gen. februorum) llamaban también los romanos a las fiestas de purificación que se celebraban en febrero (entre ellas las Lupercales) y que traducimos como Februales. Y Februalis (la que purifica) es uno de los sobrenombres de Juno a la que se dedicaban estas fiestas y ritos presididos por divinidades femeninas.
Estas purificaciones están conectadas con los símbolos del agua o del fuego como elementos purificadores. Los rituales de purificación estaban presididos por el encendido de las velas o candelas, por lo que se extendió al símbolo cristiano de la “Virgen de la Candelaria” como señora de la purificación
Todas las culturas han ritualizado con especial cuidado la necesidad de limpieza, que ha tenido además las dos vertientes: la puramente física y la anímica. Las lustraciones, que se distinguían en ordinarias y extraordinarias (las que se celebraban cada cinco años, son las que dieron nombre al lustro), el bautismo, las aspersiones con agua bendita en nuestra cultura, y con la sangre de las víctimas en otras, son ritos de purificación (que así es como se llama propiamente la fiesta de la Candelaria).
En la cultura romana el mes de febrero era el februarius, el mes dedicado a la limpieza general del año: en este mes se realizaba la poda de los árboles, no sólo como necesidad agrícola, sino también como rito; se limpiaban a fondo los establos; se limpiaban los campos (arva) y para dar solemnidad ritual a esta fase tan importante de las labores agrícolas, se hacía una solemne procesión por todos ellos en el contexto de las Lupercales. El día en que se celebraba esta procesión se llamaba februatus dies.